Si tan sólo diez años antes se le hubiera dicho a cualquier oriental que a partir de 1973 el país viviría una feroz dictadura en la que todos y cada uno de los derechos básicos de la persona serían groseramente violados y que traería consigo una lamentable secuela de ilegalizaciones, proscriptos, torturas, desaparecidos y muertos, seguramente hubiera sonreído con incredulidad; en Uruguay...

















