“Me instruí más en los rigores de la vida que en aquella escuela nocturna que interrumpí cuando a los quince años dejé Lules, mi pueblo natal tucumano. Cuando en el año 56 llegué a Buenos Aires, era común que a un provinciano caminando entre “petiteros” por Callao y Santa Fe le gritaran «cabecita negra». Pero ya había dentro de mí algo que desbarataba todo aquello que pudiera...







